top of page

Chile Antes Chile Después

  • Foto del escritor: Jose Luis Molina
    Jose Luis Molina
  • 14 sept 2010
  • 3 Min. de lectura

Es definitivo, Chile es uno antes del golpe y otro después del golpe. Aun más, es otro después de terminada la dictadura militar. Todo, absolutamente todo en la sociedad chilena tiene un antes y un después. Sin duda alguna es una cicatriz que ha quedado marcada en el corazón de los chilenos y que aunque ha dejado de sangrar, nunca va a sanar del todo.

Visité el nuevo Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral. En 1971 este lugar estaba proyectado para ser un gran centro cultural abierto al público, para el desarrollo de las artes visuales y escénicas en Santiago. Pero el 11 de septiembre de 1973, los militares golpistas destruyeron el Palacio Presidencial y por eso, la Junta Militar de Gobierno tuvo que instalarse en este lugar, que en esa época se llamaba el edificio Diego Portales. Hasta el año 2006, cuando el lugar, que hacía parte del Ministerio de Defensa sufrió un incendio, se pensó en devolverle su vocación inicial de centro cultural. Fue abierto hace poco y hasta ahora está comenzando a ser utilizado. Los visitantes nacionales y extranjeros podemos hacer un tour gratuito en el cual se habla de la historia del lugar, de su diseño y construcción actual y de las obras de arte que habían sido creadas para el Centro Cultural en 1971 y que pudieron ser rescatadas para el Centro Cultural Actual.

Se destacan las tiraderas en forma de puños hacia arriba. De los 34 pares que habían sido fabricados por el artista chileno Ricardo Meza, sólo cuatro pares fueron recuperados. Cuando los militares se tomaron el lugar, Augusto pinochet dio la orden de que se conservaran las jaladeras pero que los puños se orientaran hacia abajo, simulando unas manos rendidas y encadenadas.

Luego fuimos a La Chascona, la casa de Pablo Neruda en Santiago, que primero fuera el refugio de su amor secreto con Matilde Urrutia, quien luego se convirtiera en su tercera esposa.

Una vez más el fantasma de la dictadura aparece: Pablo Neruda muere de una afección cardiaca ocho días después de la toma militar. Sin duda alguna afectado por la muerte de Allende - su amigo personal-. La casa fue destruida por los militares, inundada y saqueada. Sin embargo, muchas de las cosas de la casa se conservaron y ahora es una casa museo que resulta interesante de visitar.

Veo a Neruda como un personaje excéntrico, obviamente de una vida social y bohemia intensa -no en vano su casa de Santiago tenía tres bares, más bares que habitaciones-. Pero que profesaba un profundo amor por el mar y por su Chile. Mi amiga Patricia dice que de todas formas, Neruda no hubiera aguantado lo que sucedió después en su País con el gobierno militar y la opresión, y que, sin duda, hubiera muerto de la pena moral. Y yo concuerdo con ella.

Los Chilenos miran su futuro, pero no pueden dejar de ver su pasado. Al menos para recordar que nunca lo van a repetir. Es una herida que caló hondo en sus corazones y que ellos no piensan olvidar.

De ahí surge el Museo de La Memoria y los Derechos Humanos del cual hablaré someramente en la próxima entrada.

A pesar de las tristezas del pasado y de los problemas diarios, los Chilenos son gente optimista, alegre, profundamente orgullosa de su cultura. Hoy caminamos por el tradicional Barrio Brasil y en la plaza del mismo nombre, nos encontramos con un colegio completo que hacía un concurso de bailes y danzas por cursos. Los dejo con esta maravillosa pareja de niños, que bailan con maestría La Cueca, una difícil danza típica chilena. El colegio es el Hispano Chileno, del Barrio Brasil de Santiago.


 
 
 

Comentarios


© 2021 José Luis Molina V.

bottom of page