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Puerto Varas y alrededores del lago Llanquihue

  • Foto del escritor: Jose Luis Molina
    Jose Luis Molina
  • 23 sept 2010
  • 3 Min. de lectura

Voy a retroceder unos días en mi viaje para escribir sobre la hermosa y tranquila ciudad de Puerto Varas en Chile y los lugares cercanos que visitamos.

Puerto Varas, Chile, queda a orillas del lago Llanquihue, a 20 kilómetros de la ciudad de Puerto Montt y como a 30 kilómetros del aeropuerto internacional "El Tepual".

Llegamos alli en automóvil desde el sur, desde la isla de Chiloé, ya entrada la noche. Debo decir que venía impresionado con la calidad de las autopistas chilenas. Rutas de velocidades entre 100 y 120 Km/h, lo cual es una barbaridad comparado con nuestros caminos.

Puerto Varas tiene vocación turística, lo cual no lo digo como un cumplido. Es más bien un complique, pero si uno se sabe alejar un poco de todo eso y buscar al interior, encontrará cosas muy interesantes. Nos hospedamos en el guesthouse "Canales del Sur", atendido por sus propietarios Juan y Flor. Se trata de una hermosa casa arreglada por completo y acondicionada como hostal. Está alejada del centro de la ciudad, lo cual tiene sus ventajas y desventajas, pero vale la pena porque el ambiente del hostal es familiar y permite conocer más a fondo la cultura amable y jovial del chileno. Yo personalmente recomiendo alquilar un carro para poder hacer con tranquilidad todos los paseos.

El primero son los Saltos del Petrohué. Es la cuota inicial de las cataratas del Niágara, pero se tiene una linda vista del río y del volcán Osorno. Les recomiendo tomar el bote con motor que los lleva muy cerca de la caída del agua y le da un poco de emoción al paseo.

Siete kilómetros más adelante se llega a Petrohué, un embarcadero en el lago Todos los Santos o lago "esmeralda". Desde allí sale el Katamarán que hace el cruce Andino y que también hace paseos por el día hasta Peulla, una pequeña villa fronteriza a la cual solo se puede llegar por barco.

Digo que estaba muy contento con las carreteras chilenas. Hasta este día porque de regreso nos hemos ido a un hueco que dañó por completo en rín o "rueda", como dicen aqui. Afortunadamente Patricia pudo recuperar la tapa plástica de la ruda, que había salido al volar con el golpe. La llanta se desinfló inmediatamente. Estuvimos buscando vulcanizadoras por toda la calle Colón de Puerto Varas, pero resulta que era 19 de septiembre, domingo y feriado.

El día terminó con una deliciosa comida en el restaurante "Donde el Gordito", en el mercado municipal de Puerto Varas. Por el alto nivel de turismo, los restaurantes son muy caros, pero este maneja mejores precios, asi que pude probar el Salmón Pil Pil, plato típico de la región. Excelente recompensa después de haber tenido que cambiar la llanta en plena carretera.

Al día siguiente pudimos encontrar una vulcanizadora abierta, y debo decir esto: Todos los talleres mecánicos en todas partes del mundo son iguales. Si ya vieron uno, ya los vieron todos.

Con esta situación solucionada pudimos tomar carretera hacia Frutillar, otro pueblito de la colonización alemana en Chile. Muy hermoso, con un novísimo teatro a orillas del lago, el cual se llama, muy creativamente: "Teatro del Lago".

Esta zona se dedica principalmente a la ganadería para la producción lactea y de carnes y al cultivo del salmón. Un poco más allá llegamos a Puerto Octay, el cual sigue la orilla del lago. La arquitectura es pintoresca, a veces parece un poco descuidada, pero eso la dota de una belleza especial.

Nuestro segundo día en Puerto Varas termina con un retén de la policía, el cual intenté esquivar, y fue entonces cuando el policía con más ganas me detuvo.

Regresamos al hostal ya en la noche, y preparo todo para mi salida muy temprano al otro día para hacer el cruce hacia Argentina.


 
 
 

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